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Lanuit PDF Imprimir E-Mail

A Lanuit me la encontré un día que estaba haciendo mucho viento, alrededor de las 4:00 o 5:00 de la tarde, iba a dejar a mi novio a su casa cuando la vi sentadita afuera de un consultorio, estaba considerablemente más pequeña de lo que está ahora y la vi tan pensativa que aunque trate de no ir por ella, cuando mi novio me dijo que si quería se podía quedar en su casa en tanto le buscábamos un hogar, no lo pensé dos veces, di la vuelta al carro y me bajé hasta donde estaba ella; la perrita tímidamente se acercó a mí, no intentó correr pero tampoco jugar conmigo, se veía realmente triste, parecía como si alguien la hubiera dejado ahí y ella siguiera aún esperando, desconozco cual versión sea la cierta. Fuimos a dejarla a donde pretendíamos se quedara con Gretel, otra perrita que vive con mi novio, pero ésta se puso muy celosa y Lanuit solo se quedaba echada, sin embargo, al día siguiente osó acostarse en la cama de Gretel y esta última no lo soportó, así que después de la pelea que se desató decidimos que estaría en mi casa, por más que tuviera que rogarle a mi papá. Al principio Lanuit se asustaba con cualquier ruido y corría, estaba muy flaquita y tenía una cara de tristeza que no podía con ella, ni siquiera podía comprender como siendo cachorro no quisiera jugar o por lo menos no brincara ni corriera atrás de uno. Poco a poco se fue recuperando, la llevamos con el veterinario, la vacunaron, desparasitaron y le preguntamos al doctor si tenía bien la cadera porque cuando corría las patas de atrás las levantaba como conejo, él le dirigió una mirada y nos dijo que si le pegaban a la perrita, fue ahí donde comprendí la actitud de Lanuit… le habían desarreglado la cadera probablemente con alguna patada, algo que ya no podría remediarse. Sin embargo, cada día mejoraba más, jugaba, ¡movía la cola! Y comía muy bien (lo cual en realidad nunca le costó trabajo). Comencé a buscarle casa y como no funcionaron las cadenas por correo electrónico ni los anuncios que pegué en diferentes lugares, decidí recurrir al clasificado. Funcionó. Fueron a verla y decidieron llevársela, sin embargo, era demasiado tarde… mi mamá ya se había encariñado con ella y haría todo lo posible porque se quedara con nosotros... a pesar de la negativa de mi papá. Finalmente no se la llevaron. Poco después ella se enfermó y tuvimos que internarla porque se convulsionaba, nos dijeron que podía ser moquillo (que quedó descartado con los primeros análisis), epilepsia, alguna enfermedad que le hubieran transmitido las garrapatas o incluso unos parásitos muy agresivos muy escasos en Mexicali, oriundos de Tijuana; el caso es que Lanuit perdió la vista, que después recuperó en un 30% según el médico veterinario, regresó a mi casa y ahí sigue haciendo sus travesuras. Aún permanece en observación, pero se le nota contenta, a veces choca contra las cosas o contra uno, pero sabe exactamente cuando llegamos, corre a recibirnos y siempre quiere jugar. En la noche se dedica a sacar todos sus juguetes de la casa y a podar una que otra mata; cuando la sacamos a pasear todavía se asusta con cualquier ladrido, pero siempre voltea como sabiendo que nosotros la protegemos. Se llama Lanuit (que quiere decir “La noche” en francés) porque es completamente negra salvo por la puntita de su cola y una raya en el pecho blancas que nos revelan que no proviene de la realeza.

Si tener una mascota es algo muy bonito, adoptarla lo es mil veces más, saber que le estás brindando una oportunidad a algún animalito necesitado y que gracias a ti deja de sufrir, produce un sentimiento único; ahora que, si además le agregamos que es “discapacitado” basta solo mirarlo para que te inunde una ternura incomparable, es en ese momento cuando uno se da cuenta que no eres tú quien le haces un favor a tu mascota, sino ellos a ti. Son una lección de vida.

Paty Torres

 
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